Ramón Trecet terminaba siempre su programa de radio Diálogos 3 con la frase: “Buscad la belleza. Es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo” (o algo así). Al menos, una de las pocas cosas que nos ayudan a “oxigenarnos” un poco de la situación actual es la belleza. Por eso, una de las citas que tengo en agenda es la exposición El Hermitage en el Prado.
Forma parte del Año Dual España-Rusia y es una forma de “devolver la visita” que supuso El Prado en L’Hermitage, exposición celebrada a principios de 2011 en San Petersburgo y que visitaron 650.000 personas, el mayor record para una muestra temporal en el museo ruso.
Ahora tenemos a nuestro alcance en el Prado a grandes maestros, desde pintura antigua a las vanguardias del siglo XX. Suman unas 180 obras entre las que están antiguos retratos de los grandes zares; artistas como Velázquez, Tiziano o Rembrandt; obras de Monet, Cézanne, Matisse o Gauguin; dos picassos y representantes de la vanguardia rusa como Kandinsky o Malévich, entre otros. La “alineación” de este partido es casi imbatible.
La iniciativa, sin duda, ayudará también a que muchas personas que no suelen acudir a los museos encuentren una magnífica excusa para convertirse poco a poco en amantes del arte. El Museo del Prado parece que está apostando por esta tendencia en su programación, con exposiciones capaces de atraer a numeroso público y me parece una iniciativa que deberían de seguir estas instituciones, alejándose de propuestas demasiado elitistas.
Por mi parte, una exposición imprescindible, convencido de que aumentar nuestro conocimiento y alimentar el espíritu nos ayuda a vivir y a trabajar mejor, a ser mejores personas. Lo malo siguen siendo las colas…







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