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abr
25

El obrero en alpargatas… y nosotros en business

No exactamente, pero la frase decía algo así como que España sólo será grande mientras el hijo del obrero vaya en alpargatas. Quizás me falle la memoria en la literalidad pero no en el sentido. Lo dijo Carrero Blanco y se ganó con ello el odio perpetuo de parte de la población en una España desestructurada y rota por la posguerra, en la que había mucho hambre y muchas necesidades.

No fue precisamente un político que haya dejado buen sabor de boca en demasiados españoles y no quiero entrar en las razones porque no me interesan aquellos años, sino estos en los que vivimos igualmente en un país desestructurado y roto por el desempleo, la falta de criterio de una clase política que ya no nos vale y la ausencia de una estrategia de futuro.  

Tengo que decir que me ha sonrojado e indignado ver cómo nuestros políticos, dedicados de lleno a discutir entre ellos para arrebatarse el privilegio de robarnos y mal gestionarnos durante cuatro años, se han puesto de acuerdo en seguir viajando en clase business mientras que nuestro país soporta lo que soportamos día a día. Y en gran parte por su culpa.

No veo en esa bochornosa votación diferencia alguna con la famosa frase de Carrero Blanco: el mismo desdén, el mismo egoísmo, la misma falta de respeto de quienes viven de nuestros impuestos pero están tan pagados de sí mismos que han perdido las formas hasta para tomar el pelo a los votantes. Sin embargo, sí que hay una enorme diferencia entre ambas situaciones. A Carrero Blanco, no le votaron los españoles, era un político impuesto y la calidad de su interés por el servicio público poco pesaba sobre la población.

A estos señores a los que la clase turista de un avión les desmerece les mantienen en su puesto los votos mediante los cuales los ciudadanos delegan su soberanía. Y los votos nunca deberían confundirse con cheques en blanco. Los votos únicamente son mandatos para representar a los ciudadanos durante un tiempo limitado y siempre bajo el auspicio de un programa electoral que debería cumplirse.

Todavía me cuesta trabajo creer que a estos adalides de la democracia se les olvide esta premisa tan sencilla justo al día siguiente de ocupar sus estupendos aposentos.

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