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¿Quién trabaja en España?

Absentismo laboral

El presidente de CEOE, Joan Rosell, acaba de hacer públicos unos datos vergonzosos: cerca de un millón de personas no acude cada día a su puesto de trabajo en nuestro país y el nivel de absentismo llega al 20% entre los trabajadores de la Administración Pública.

Parece que aún no nos hemos dado cuenta de que sólo aumentando la productividad seremos capaces de crear empleo. Y la productividad española se encuentra muy lejos de los países de nuestro entorno: cerca del puesto número 50 a nivel mundial según las últimas clasificaciones.

Por ejemplo, si se cumpliera de verdad la jornada laboral subiría el PIB, por lo que el modelo de Ángela Merkel tiene todo el sentido: ligar salarios y productividad, en lugar de hacerlo con el IPC, como viene ocurriendo en España. Por que, cuanto más trabajemos antes podremos recuperar los niveles de empleo de hace pocos años. Me gustaría que desde el entorno de los sindicatos se hicieran propuestas en esa línea. Incluso, establecer un “banco de horas”, de manera que el trabajador pueda alargar su jornada si la empresa lo necesita, fiestas incluidas; cuando salgamos de esta terrible crisis, cada empresa “devolverá” en la forma que se haya pactado ese exceso de horas. Esa sí es una forma de “remar” para salvar nuestra economía.

El sistema productivo español está obsoleto y necesitado de una auténtica reformulación: un tejido productivo insuficiente, servicios escasamente avanzados y faltos de calidad, que tienen que evolucionar hacia actividades con mayor valor añadido… Todo ello viene lastrando la capacidad de competir a nivel global de nuestros productos y servicios.

Dentro de esa situación, el ajuste salarial por sí sólo no confiere competitividad a una economía, sino su capacidad de crear empleo de calidad. Y eso se logra mejorando la formación del capital humano, con salarios dignos que fomenten el compromiso de los trabajadores y reduciendo las actuales desigualdades en las retribuciones. Se ha reformado el mercado laboral, es cierto, pero la reforma ha sido demasiado tibia y España no es capaz de generar suficiente empleo a causa de la rigidez que persiste. Es la muestra de que hay que adoptar otras medidas.

El Gobierno español ha sido incapaz de abordar las acciones que nos permitan frenar el insostenible nivel de paro y ganar credibilidad frente a nuestros socios europeos, las agencias de calificación de riesgos y los inversores internacionales.

En paralelo, la competitividad española tiene que estar cimentada en la innovación. De ahí la importancia de potenciar la inversión en I+D+i y el desarrollo tecnológico, actualizando nuestro modelo actual, demasiado ineficaz, y generando estímulos que incentiven la inversión del capital privado.

Y, por supuesto, con la búsqueda de la excelencia por parte del tejido empresarial: con inversiones en innovación, en diseño, incorporando las nuevas tecnologías, creciendo desde el respeto al entorno. Sólo así puede ser productiva nuestra economía, competir en el mercado global y sobrevivir con éxito en el largo plazo.

En definitiva, quizá tengamos que asumir que, si no crecemos más, es porque no nos atrevemos.

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